Rumbo

PNB · PER · 4 min

Comprobaciones antes de hacerse a la mar

Casi todos los rescates de recreo empiezan en algo que se podía haber mirado en el pantalán. Esta es la lista, y se hace antes de largar amarras.

Motor y sistemas

  • Niveles: aceite del motor, aceite de la transmisión y líquido refrigerante.
  • Filtros: el decantador de combustible, que separa el agua y las impurezas

del gasóleo. El agua en el filtro es la avería más común y la más evitable.

  • Correa del alternador: tensión y estado.
  • Baterías: carga, bornes limpios y apretados, y el interruptor general accesible.
  • Refrigeración: comprobar que sale agua por el escape al arrancar. Si no sale, se

para el motor: en un minuto se estropea el impulsor.

  • Combustible: suficiente para la ida, la vuelta y una reserva. La regla clásica es

un tercio de ida, un tercio de vuelta y un tercio de reserva.

Casco y estanqueidad

Grifos de fondo, pasacascos y sentina seca. Escotillas y portillos cerrados si se espera mala mar.

Antes de soltar

  • Meteorología consultada, y no solo el viento: mar de fondo, visibilidad y

evolución prevista.

  • Material de seguridad a bordo, en su sitio y en fecha.
  • Alguien en tierra sabe adónde vas y a qué hora vuelves. Es lo que hace que se dé

la alarma si no apareces.

  • Tripulación al tanto de dónde están los chalecos, la balsa, los extintores y la

radio, y de cómo se usan. Que lo sepa solo el patrón no sirve de nada: si el patrón es quien cae al agua, nadie más sabe nada.

Navegar de noche o con baja visibilidad

Las precauciones son las mismas de siempre, subidas de intensidad:

  • Luces de navegación encendidas y comprobadas antes de que anochezca.
  • Reflector de radar izado: una embarcación de fibra o de madera devuelve muy poco

eco, y un mercante puede no verte.

  • Velocidad de seguridad, que con niebla puede significar la mínima de gobierno.
  • Señales acústicas de niebla y vigilancia reforzada por el oído, no solo por la

vista.

  • En navegación nocturna, conservar la visión adaptada: nada de linternas blancas

en la bañera ni pantallas a pleno brillo.

Tormentas eléctricas

Se alejan si se puede: se ve venir el cumulonimbo. Si no da tiempo, la protección consiste en no ser el punto más alto y en no tocar partes metálicas conectadas al agua. La descarga tiene además influencia sobre la aguja magnética: después de una tormenta cercana, la aguja puede haber quedado desimantada o con el desvío cambiado, y conviene comprobarla contra una enfilación conocida.

Aguas someras

Son las de poca profundidad, aquellas en las que la sonda es comparable al calado. Las precauciones: navegar con la sonda encendida, contrastarla con la carta corregida de marea, reducir velocidad —el squat hunde más la embarcación cuanto más rápido va— y no fiarse de una carta antigua en zonas de arena, donde los bajos se mueven.

Estabilidad: lo básico

La embarcación se mueve sobre tres ejes, y dos de esos movimientos tienen nombre propio en el examen:

  • Balance: la oscilación de una banda a la otra, alrededor del eje longitudinal.
  • Cabezada: la oscilación de proa a popa, alrededor del eje transversal.

La estabilidad estática es la tendencia a recuperar la posición de equilibrio cuando algo la aparta de ella. Es transversal frente a la escora y longitudinal frente al asiento. La transversal es la que importa a bordo de una embarcación de recreo, porque es mucho menor que la longitudinal: un barco vuelca de lado, no de proa.

Lo que la empeora, sin entrar en su estudio: subir pesos —personas de pie sobre la cabina, material pesado en alto— y el agua suelta en cubierta o en un tanque a medias, que corre hacia la banda escorada y agrava la escora.

Forma de gobernar para evitar balances y cabezadas

La regla general es no tomar la mar de través. Quedarse atravesarse a la mar —con las olas justo por el costado— produce los balances más violentos y es la situación en la que se pierde el gobierno o se vuelca.

  • Con mar de proa, se reduce velocidad y se toma la ola con un ángulo de unos 20 a

30 grados con la proa, en zigzag: así se evita la cabezada seca que castiga el casco y embarca agua.

  • Con mar de través, se corrige el rumbo hacia proa o hacia popa para no recibirla

por el costado, aunque suponga alargar la derrota, y se recupera el rumbo con sucesivas bordadas.

  • Con mar de popa, se evita ir a la velocidad de la ola: hay riesgo de que la popa

se levante, la proa se clave y la embarcación atraviese de golpe. Se navega algo más despacio o algo más deprisa que las olas, nunca al mismo paso.

Y en cualquier caso, se avisa a la tripulación antes de cambiar de rumbo con mala mar: la mayoría de las caídas y los golpes se producen en el momento del giro.

Este temario es material de estudio y no sustituye a la normativa. Ante cualquier discrepancia manda el texto oficial publicado en el BOE.

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