Con mal tiempo la embarcación no se rompe de golpe: se va deteriorando la situación —algo que se suelta, alguien que se marea, una escotilla que entra agua— hasta que una de esas cosas se convierte en emergencia. Casi todo lo que hay que hacer se hace antes, cuando todavía es incómodo y no peligroso.
Preparar el barco
- Estiba: todo lo pesado abajo y bien trincado. Un ancla suelta, una batería
sin sujetar o una nevera que se desplaza son proyectiles y, además, mueven el centro de gravedad.
- Cerrar: escotillas, portillos, tapa de la bañera, ventilaciones que puedan
embarcar agua. Comprobar que los imbornales de la bañera están libres: una bañera llena es media tonelada de agua arriba.
- Achique: probar la bomba y tener el achique manual a mano.
- Combustible y motor: depósito lleno —el balanceo remueve la suciedad del
fondo del tanque y atasca filtros—, y motor comprobado.
- Preparar la navegación: situarse antes de que empeore, tener la derrota
clara, los puertos de refugio identificados y la radio encendida en el 16.
Preparar a la gente
- Chalecos puestos y arneses enganchados antes de que haga falta, no después.
- Repartir tareas y turnos cortos: con mal tiempo se agota antes.
- Comer y beber algo pronto, y dar las pastillas del mareo con antelación: una
vez mareado, ya no hacen efecto.
- Nadie sale a cubierta solo ni sin avisar.
Navegar
- Reducir velocidad: casi todos los daños con mala mar los causa el golpe del
casco al caer de una ola. Con menos velocidad, menos golpe.
- Buscar el ángulo bueno con la mar: recibirla de proa o por la amura, nunca
de través, que es donde más se balancea y más riesgo de tumbada hay. Si se navega de popa, cuidado con el atravesarse y con la ola que rompe.
- Alejarse de la costa a sotavento: es lo contrario de lo que pide el instinto.
Una costa a sotavento con mar de fuera es el peligro mayor; mar adentro hay espacio y no hay rompientes.
- Evitar las zonas donde la ola rompe: bajos, barras de entrada a ríos y
puertos, y corrientes contrarias al oleaje. La entrada a un puerto con mar de fuera puede ser más peligrosa que quedarse fuera.
- Si se decide entrar, decidirlo pronto, con luz, y con el motor y el ancla
listos.
Tormentas eléctricas
Se ven venir: cumulonimbos grandes, oscurecimiento, y el intervalo entre relámpago y trueno acortándose —tres segundos por kilómetro—.
Qué hacer:
- Apartarse de la trayectoria de la tormenta si hay tiempo, y prepararse para
la racha, que puede triplicar el viento y rolar de golpe: reducir trapo o aferrar antes de que llegue.
- Nadie en cubierta si no es imprescindible, y nadie tocando la jarcia, el
guardamancebos, el timón metálico ni las partes metálicas.
- Desconectar y desenchufar la electrónica: GPS, VHF, plotter. Si se puede,
meter una antena portátil o un GPS de reserva en el horno o en un recipiente metálico cerrado.
- Alejarse de la costa alta y de otros barcos, y no ser el punto más alto de
la zona si se puede evitar.
Efecto sobre la aguja. Una descarga próxima, y aún más una directa, puede imantar de nuevo el hierro del barco y alterar el desvío, o dejar la aguja girando o apuntando a cualquier sitio. Después de una tormenta eléctrica hay que comprobar la aguja contra una enfilación conocida o contra el GPS antes de fiarse de ella: puede haber quedado inservible sin ninguna señal externa de avería.