Dos situaciones distintas con un mismo denominador: se navega sin poder ver el peligro, y la respuesta es la misma en las dos, reducir la velocidad y multiplicar la información.
Navegación con niebla
La niebla no se va por navegar más deprisa. Lo que hay que hacer:
- Velocidad de seguridad: la que permita **parar en la distancia de
visibilidad**. Lo dice el RIPA y es literal.
- Luces de navegación encendidas, de día también.
- Señales acústicas de niebla, las que correspondan a la situación del barco.
- Vigías: uno a proa, lo más lejos posible del ruido del motor, y silencio a
bordo para poder oír. Muchas veces se oye antes que se ve.
- Radar encendido y bien ajustado, si se lleva, y reflector radar izado
siempre.
- Situarse antes de perder la costa de vista, y llevar la estima al día desde
ese momento.
- Salir del tráfico: apartarse de los canales, de las entradas de puerto y de
los dispositivos de separación. Si se puede fondear fuera del canal en poco fondo, es la opción más segura.
- Chalecos puestos, y todo el mundo avisado.
Navegación nocturna
- Adaptar la vista —diez o quince minutos sin luz blanca— y mantener la
oscuridad en el puesto de gobierno: luz roja, pantallas al mínimo.
- Luces de navegación encendidas y comprobadas antes de salir; llevar
recambios.
- Identificar antes de decidir: las luces de otros buques dicen su tipo, su
aspecto y hacia dónde van. Una luz que se ve blanca y sola por la proa no es necesariamente lo que parece.
- Cuidado con las luces de tierra: rótulos, farolas y coches confunden y
esconden las balizas. Una luz que no se corresponde con ninguna característica de la carta no sirve para situarse.
- Vigilancia reforzada y turnos, arnés obligatorio en cubierta y nadie solo.
Aguas someras
Aguas someras son las de poca profundidad, aquellas en las que el fondo está lo bastante cerca de la quilla como para afectar a la navegación. No hay un número único: depende del calado.
Lo que ocurre en ellas:
- Riesgo de varada, evidente, agravado por la marea: la sonda de la carta está
referida al cero hidrográfico, y con bajamar hay menos agua que la dibujada.
- Cambia el comportamiento del barco: aumenta la resistencia al avance, se
pierde velocidad con el mismo régimen de motor, el barco gobierna peor y tiende a succionarse hacia el fondo —el efecto de aguas someras—.
- La mar se hace más corta y empinada y rompe: por eso los bajos rompen con
mar que en aguas profundas no rompería.
- Con marea y viento contrarios, la ola sobre un bajo puede ser mucho mayor de lo
que hay alrededor.
Cómo se navegan: con la sonda encendida y mirada, con la carta y el veril de seguridad claros, con margen bajo la quilla suficiente para el oleaje —no basta con que el calado quepa—, a velocidad reducida, y de día y con buena luz cuando el fondo se puede leer por el color del agua. Y si hay que atravesar una zona somera desconocida, se hace con marea creciente: si se toca, la marea ayuda a salir en vez de dejar el barco cada vez más varado.