Rumbo

PNB · PER · 3 min

Baja visibilidad y aguas someras

Dos situaciones distintas con un mismo denominador: se navega sin poder ver el peligro, y la respuesta es la misma en las dos, reducir la velocidad y multiplicar la información.

Navegación con niebla

La niebla no se va por navegar más deprisa. Lo que hay que hacer:

  • Velocidad de seguridad: la que permita **parar en la distancia de

visibilidad**. Lo dice el RIPA y es literal.

  • Luces de navegación encendidas, de día también.
  • Señales acústicas de niebla, las que correspondan a la situación del barco.
  • Vigías: uno a proa, lo más lejos posible del ruido del motor, y silencio a

bordo para poder oír. Muchas veces se oye antes que se ve.

  • Radar encendido y bien ajustado, si se lleva, y reflector radar izado

siempre.

  • Situarse antes de perder la costa de vista, y llevar la estima al día desde

ese momento.

  • Salir del tráfico: apartarse de los canales, de las entradas de puerto y de

los dispositivos de separación. Si se puede fondear fuera del canal en poco fondo, es la opción más segura.

  • Chalecos puestos, y todo el mundo avisado.

Navegación nocturna

  • Adaptar la vista —diez o quince minutos sin luz blanca— y mantener la

oscuridad en el puesto de gobierno: luz roja, pantallas al mínimo.

  • Luces de navegación encendidas y comprobadas antes de salir; llevar

recambios.

  • Identificar antes de decidir: las luces de otros buques dicen su tipo, su

aspecto y hacia dónde van. Una luz que se ve blanca y sola por la proa no es necesariamente lo que parece.

  • Cuidado con las luces de tierra: rótulos, farolas y coches confunden y

esconden las balizas. Una luz que no se corresponde con ninguna característica de la carta no sirve para situarse.

  • Vigilancia reforzada y turnos, arnés obligatorio en cubierta y nadie solo.

Aguas someras

Aguas someras son las de poca profundidad, aquellas en las que el fondo está lo bastante cerca de la quilla como para afectar a la navegación. No hay un número único: depende del calado.

Lo que ocurre en ellas:

  • Riesgo de varada, evidente, agravado por la marea: la sonda de la carta está

referida al cero hidrográfico, y con bajamar hay menos agua que la dibujada.

  • Cambia el comportamiento del barco: aumenta la resistencia al avance, se

pierde velocidad con el mismo régimen de motor, el barco gobierna peor y tiende a succionarse hacia el fondo —el efecto de aguas someras—.

  • La mar se hace más corta y empinada y rompe: por eso los bajos rompen con

mar que en aguas profundas no rompería.

  • Con marea y viento contrarios, la ola sobre un bajo puede ser mucho mayor de lo

que hay alrededor.

Cómo se navegan: con la sonda encendida y mirada, con la carta y el veril de seguridad claros, con margen bajo la quilla suficiente para el oleaje —no basta con que el calado quepa—, a velocidad reducida, y de día y con buena luz cuando el fondo se puede leer por el color del agua. Y si hay que atravesar una zona somera desconocida, se hace con marea creciente: si se toca, la marea ayuda a salir en vez de dejar el barco cada vez más varado.

Este temario es material de estudio y no sustituye a la normativa. Ante cualquier discrepancia manda el texto oficial publicado en el BOE.

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